Justo a tiempo subo al tren, de un salto. Por los pelos!
Y corro, canto, bailo de alegría ... porque allí están mis olvidadas alas!
Las veo de lejos. Seis filas de asientos me separan de ellas.
Las miro con deseo, me acerco a tientas,
y camino temblorosa mientras alargo los dedos,
por fin las tengo!
Las acerco, las observo, acaricio, las huelo...
y no puedo creerlo...
Están polvorientas, viejas, deshechas!
Lloro unos segundos antes de tirarlas con rabia.
Ahora siento pena, después sonrío como tonta...
y qué esperaba!
Cualquier cosa, descuidada años y años en un tren,
hubiese desaparecido en unas horas...
Creo que voy a quedarme en este tren,
sigo llevando esta bola de fuego en mi vientre
y a falta de alas,
ha crecido una fantástica brújula en mi frente.
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La vida es un tren, al que una vez subidos es dificil apearse. Aunque alguna vez deseamos abandonar un vagón y seguir el trayecto en el de cola.
ResponEliminaUn besito :)
Sí, y no crees que la vida tiene varios trenes? hay algunos que pierdes por error, de otros te bajas y, cuanto antes, mejor. Besos, Oréadas, nos vemos en La Cigale!
ResponElimina