SUEÑOS ROTOS


Entró en un profundo sueño... y empezó a soñar con las preciosas y relajantes playas de Menorca, desnudos dejaban sentir la brisa del mar en sus cuerpos... el sonido del agua... el dormir entre la naturaleza salvaje... las duchas en el pozo de la cala para quitarse el salitre que resecaba sus pieles de ciudad. Dejaban fluir el amor. Se amaban, o eso sentía ella. Pasaban los días y aquello parecía un sueño interminable, maravilloso, una forma de vida ideal. Volvieron de nuevo a su ciudad natal, tras muchas dificultades, lograron salir adelante, o eso parecía, no imaginaban lo que se les venía encima. De pronto, todo se volvió oscuro, se quedaron sin trabajo, sin dinero, empezaron los reproches, las inseguridades, los miedos les atormentaban continuamente, llegaron las discusiones. Pero se amaban, o eso creía ella. Pensaba que la fuerza del amor podía con todo, soñaba...
Él marchó a ganarse la vida, lejos de su hogar. Ella se sentía sola, pero orgullosa... empezaron las náuseas, los mareos, creía que todo era fruto de su enfermedad. Él volvió, por ella, o eso creía, la cuidó durante un tiempo. Cuando el vientre ya era evidente, de nuevo empezó el infierno... las discusiones, los ataques de ansiedad, las idas y venidas del hospital, el vicio, los miedos, el arrepentimiento, la soledad... No dejaba de intentarlo una y otra vez, dialogar, entender, perdonar, querer. Fue inútil. LLegó el dia del alumbramiento y ella se sintió muy arropada por él, amada, pensó que era el principio de una nueva vida, unidos... hasta la llegada al hospital, se sintió maltratada por el personal, todo fue forzado, empezó a sentirse mal, llegaron los gritos, la desesperación, el dolor terrible que parecía eternizarse y trató de alargar la mano para sentirle con ella, pero al instante la soltó, salió del paritorio... Ella miraba de soslayo, trataba de encontrarlo cerca, pero ya no estaba, se sintió abandonada por él, cuando apareció, ya había dado a luz, marchó a las horas de nacer el querubín. Para aislarse del mundo, no podía creer lo que le estaba pasando. Ella tampoco, se sentía cansada, sola, angustiada... Solo quería volver a su casa, con él y su bebé, seguir adelante, juntos, luchar juntos y formar su pequeña comunidad, su família, un hogar donde sentirse arropada, querida, aceptada y valorada. Volvió al pasado, a recordar... Menorca, la felicidad, el amor, la brisa del mar, el agua cristalina... Pero él ya se había marchado, desapareció sin dejar rastro de lo que fue. Se convirtió en otra persona y así, ella, se dió cuenta de que todo aquello ya no volvería, tuvo que tomar una decisión, muy dolorosa. Nunca lo olvidaría... De repente, el llanto de un niño muy pequeñito la despertó.
Abrió los ojos fugazmente, lo miró y sintió unas ganas tremendas de abrazarlo, de cogerlo y de tranquilizarlo. Así lo hizo y se aliviaron los dos, lo amaba tanto... pensó que la pesadilla no había hecho más que empezar, pero que grácias al llanto de su hijo habían despertado y salido de ella. Se prometió a sí misma y a su hijo que no volvería a soñar...

2 comentaris:

  1. Eres madre, de modo que aunque te lo hayas prometido, no soñar es algo que no puedes cumplir. Por tu peque, y aunque sólo (sólo?) sueñes cosas para él :-)

    Un beso, guapa.

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  2. Sel hace bien de intentar vivir con los pies en el suelo, no alimentar sueños que nada tienen de real. Cuando pase el tiempo sabrá qué lo que puede alimentarse y lo que no, eso espero para ella...

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